
Es un registro de actividad cerebral de mayor duración que el EEG de rutina, que puede extenderse desde aproximadamente 60 minutos hasta varias horas según la indicación médica, con el fin de aumentar la probabilidad de registrar eventos o patrones epileptiformes intermitentes.
Algunas alteraciones cerebrales aparecen con poca frecuencia o solo en determinados momentos. Un monitoreo más largo mejora la sensibilidad del estudio frente a un registro breve, apoyando decisiones diagnósticas y terapéuticas.
Tras la colocación de electrodos, el paciente permanece en un entorno controlado mientras se registra la actividad en reposo y, según protocolo, durante actividades o estados de sueño-vigilia que facilite la captación de hallazgos relevantes.
Cuando existe sospecha clínica fuerte de crisis o alteraciones paroxísticas y el EEG de rutina ha sido inconcluso, o cuando se busca caracterizar mejor el tipo de actividad anormal para el manejo neurológico.
Ofrece la posibilidad de completar esta modalidad de estudio en la región, con enfoque de neurofisiología clínica y coordinación con la valoración neurológica integral.